Como comentamos en el post anterior, el proceso de duelo es una respuesta adaptativa y natural ante la pérdida. A continuación te describimos brevemente en qué consisten las cinco fases del duelo y cómo se ponen en juego en estos tiempos de coronavirus:

Negación

En una primera fase se puede activar en ti, como mecanismo de defensa, la negación. El impacto psicológico que ha podido causarte la pérdida puede hacer que sientas una sensación de incredulidad o irrealidad («no me lo creo, esto no me puede estar pasando a mi»). También puedes sentir que tus emociones se encuentran “congeladas”, incluso aunque tu ser querido llevara ya un tiempo enfermo con coronavirus («no siento nada, estoy como en shock»). Este mecanismo de defensa de negación te permite inicialmente tomar cierta distancia con el dolor para después poder ir conectando con él a medida que tu estructura psíquica y emocional lo va pudiendo sostener.

Rabia

En una segunda fase las emociones que pueden estar más presentes en ti son la rabia, el enfado y la culpa. Esta fase también es adaptativa, es importante que te puedas permitir sentir estas emociones. Es natural que conectes con sentimientos de culpa o enfado proyectados tanto hacia ti mismo como hacia otras personas desde tu necesidad de encontrar una explicación al fallecimiento. Pero como ocurre con todas las fases no sería sano permanecer en ella durante mucho tiempo.

Negociación

La tercera fase del duelo es la de negociación. Durante esta fase podrías conectar con ciertos pensamientos obsesivos, pudiendo llegar a emplear mucha energía en tratar de recrear la situación en tu imaginación o pensando qué podrías haber hecho tú u otros para que este desenlace no hubiera tenido lugar («quizá si mi familiar no hubiera ido al hospital aquel día cuando se cayó no se habría contagiado»; «a lo mejor yo no tenía síntomas y le contagié»; «qué hubiera pasado si se hubieran tomado otras medidas con anterioridad»). Este tipo de pensamientos también pueden enfocarse hacia el futuro, sobre todo encuadrados en creencias religiosas o espirituales, por ejemplo, hacia posibles reencuentros tras la muerte.

Tristeza

La cuarta fase es la de la tristeza, la angustia, el dolor. Los síntomas que puedes sentir en esta fase pueden ser parecidos a los de una depresión, pero no tienes por qué estar desarrollando un trastorno depresivo. Esta fase también forma parte del proceso, de la respuesta adaptativa del duelo. Puedes sentir una tristeza muy profunda, dolor emocional, desesperanza, falta de ilusión, dificultad para satisfacer tus necesidades básicas… Resulta importante que puedas reconocer y expresar tus emociones para no quedarte bloqueado en esta fase. Expresar lo que sientes te puede ayudar a canalizar tu dolor y a transitar esta fase.

Aceptación

Mientras convives con el dolor, poco a poco, te irás adaptando a esta situación, integrando la pérdida y dando paso a la quinta y última fase: la aceptación. Aceptar no es olvidar. Aceptar es reconocer que no puedes volver atrás en el tiempo mientras empiezas a conectar con la nueva realidad que se te presenta en el aquí y el ahora. Aceptar es volver a conectar con tu capacidad de disfrutar, con tu ilusión, con la esperanza… mientras colocas tu pérdida en un lugar en tu interior desde el que te permite avanzar, crecer a nivel personal, disfrutar y conectar con el momento presente, con tu realidad.