La codependencia emocional tiene lugar cuando una persona se siente “adicta” a la dependencia de la persona con la que se relaciona y, por tanto, a la preocupación por su bienestar y a proporcionarle ayuda.

Los conceptos de codependencia emocional y de dependencia emocional no guardan un idéntico significado, aunque sí una estrecha relación. La diferencia principal es que la dependencia emocional tiene lugar cuando sólo uno de los miembros de la pareja, o de la relación, es dependiente y, en cambio, en la codependencia las dos partes sienten dependencia emocional.

Una persona dependiente a nivel emocional siente que su felicidad depende de otra persona, a la que usa para tratar de llenar su sensación de vacío, y de la que le resulta tremendamente difícil separarse.

Resulta importante tener en cuenta que, en muchos casos, la tendencia a la codependencia surge de distintos aprendizajes que pudieron desarrollarse a lo largo de la vida, desde la infancia.

La mayor parte de las veces se actúa desde estos aprendizajes buscando la (auto)protección y, es muy posible, que a una persona codependiente actuar de esta manera le ayude a afrontar determinadas circunstancias en un momento de su vida. Ahora bien, es probable que estos mecanismos de (auto)protección desde la codependencia dejen de resultar útiles y de proteger, y provoquen finalmente sufrimiento.

La tendencia personal a la codependencia se puede trabajar y cambiar. Este trabajo personal empieza por poder identificar y aceptar posibles signos de codependencia en relaciones concretas. Sin duda, los pasos de reconocimiento, toma de conciencia y aceptación son los primeros y resultan imprescindibles dentro del proceso de gestión de la codependencia.

En el próximo post facilitaremos una lista con algunas de las características personales y relacionales que suelen estar presentes en las relaciones de codependencia.