Cuando el cariño es más importante que la alimentación.

A pesar de las implicaciones éticas que hoy en día no podrían pasarse por alto, los experimentos de Harlow con monos (1958) supusieron un antes y un después en las teorías sobre el desarrollo y el apego. Aunque hoy nos pueda parecer evidente la importancia del cariño y el afecto de los padres en el desarrollo del bebé, las teorías de aquella época sostenían que las madres se ganaban el amor de sus hijos al satisfacer sus necesidades básicas de hambre y succión. Sin embargo, al igual que Konrad Lorenz demostró que algunas aves (patos y gansos) podían desarrollar un fuerte vínculo con la madre sin que el alimento estuviera por medio, Harlow fue más allá y observó hasta qué punto un mínimo contacto cálido y maternal era muy preferible a la alimentación y condicionaba el posterior comportamiento de los monos. Sentó, así, las bases de la actual teoría del apego.

Aquí podéis ver el clásico experimento con monos de Harlow: la madre de alambre vs la madre de tela.