«Es imposible la salud psicológica, a no ser que lo esencial de la persona sea fundamentalmente aceptado, amado y respetado por otros y por ella misma».
(A. Maslow)

Burns define la autoestima como el “conjunto de las actitudes del individuo hacia sí mismo”. Entendiéndose por «actitud» una pauta más o menos estable y coherente de percepción, pensamiento, evaluación, sentimiento y acción, dirigida hacia un objeto, una persona, un ideal, etc. Al hablar de actitud, hablamos, por tanto, no sólo de la propia actitud hacia otras personas, o hacia el poder, o el dinero, por ejemplo, sino también, como seres reflexivos que somos, hacia nosotros mismos.

En los últimos años, el interés por el estudio y trabajo de la autoestima ha ido en aumento. Se puede apreciar al observar la cantidad de libros, manuales, talleres o cursos que se desarrollan actualmente al respecto. Sin embargo, a menudo se confunde la alta autoestima con una desmedida opinión de sí mismo y una actitud agresiva de egoísmo insolidario. Cuando nada tienen que ver.

En este sentido, cuando hablamos de alta autoestima es importante distinguir la autoestima sana o constructiva de esa desmedida opinión de sí, narcisista e insana.
La autoestima saludable consiste en una percepción evaluativa de uno mismo realista, autocomprensiva y amable. Para hacer esta autovaloración, la persona primero identifica y después reflexiona acerca de lo que considera virtudes, defectos, capacidades, limitaciones y también acerca de las consecuencias de sus respuestas. Además, lleva a cabo esa autovaloración y reflexión siendo, en buena parte, consciente y responsable de su vida.

Por el contrario, una desmedida opinión de sí se basa en valorar, en exclusiva, las capacidades, virtudes y talentos que alimentan el sentimiento de superioridad o de poder sobre los demás, además del placer o disfrute asociado a sentirlo.

La autoestima es esencial para la supervivencia psicológica. Se trata de un pilar fundamental dentro de nuestra vida emocional y resulta importante tener en cuenta que sembrar y cuidar una sana autoestima no implica tener una desmedida opinión propia o, con otras palabras, no implica el egoísmo o narcisismo que tantas personas temen.

“El fantasma del egoísmo ha ahuyentado frecuentemente el sano amor a sí mismo”.
(J. A. García-Monge)