Cuando hablamos de procrastinar, hablamos de posponer, de “dejar para mañana lo que podemos hacer hoy”. Resulta comprensible y es natural que tendamos a posponer determinadas tareas, conversaciones o tomas de decisiones que nos generan temor, tristeza, desagrado o ansiedad. Realmente, la situación se vuelve problemática cuando esta procrastinación es excesivamente recurrente.

No estamos para nada habituados a esta palabra “procrastinación” y, para poder comprender mejor su significado, resulta interesante conocer su etimología. Proviene del latín, pro, que significa “adelante”, y crastinus, “referente al futuro”, “postergación” o “posposición”. Por tanto, podemos entender la procrastinación como la acción o el hábito de postergar actividades o situaciones importantes desarrollando en su lugar otras más irrelevantes o agradables.

La procrastinación suele ir acompañada de falsas creencias o pensamientos que de alguna forma la refuerzan, como por ejemplo que lo haremos mejor mañana, que bajo presión lo haremos mejor, o que en realidad no es tan importante. Estos pensamientos realmente son excusas que nos ayudan a evitar enfrentarnos al malestar, desagrado o temor que nos proporciona la ejecución de esas tareas o tomas de decisiones.

Como comentábamos en líneas anteriores, la procrastinación excesiva produce sufrimiento psíquico ya que conduce a una sensación de caos interno con sentimientos de insatisfacción, inseguridad, frustración y ansiedad por la acumulación de tareas pendientes.

¿Cómo nos podemos ayudar?

  1. Identificando si solemos procrastinar y en qué ámbitos o áreas de nuestra vida tendemos a hacerlo.
  2. Reflexionando acerca de qué es lo que estamos evitando realmente al posponer según qué tareas o decisiones.
  3. Siendo comprensivos y respetuosos con nosotros mismos, aceptando que tendemos a procrastinar sin juzgarnos ni criticarnos.
  4. Identificando las tareas pendientes y ordenándolas por dificultad. Las tareas más complejas también se pueden dividir a su vez en pequeños pasos, es decir, en tareas más sencillas.
  5. Gestionando mejor el tiempo al organizar temporalmente las tareas, añadiéndolas tiempos de duración estimados y fechas límite.
  6. Planteándonoslo como un compromiso con nosotros mismos y con nuestro bienestar.