Parece evidente la influencia que ejerce la música sobre las personas, afectando a la memoria, a las emociones, al movimiento corporal, etc.

Esta influencia no la encontramos únicamente en la actualidad. Por ejemplo Darwin, naturalista inglés, en su obra “El origen de las especies” explicó que los sonidos musicales pudieron servir de base para el desarrollo posterior del lenguaje. En este sentido, podemos apreciar que en nuestra comunicación verbal el ritmo y la cadencia tienen rasgos musicales.

La música es un lenguaje universal que está y ha estado presente en todas las culturas de la historia de la humanidad. Por ello parece interesante pararse a intentar comprender cómo percibimos y procesamos este lenguaje, es decir, cómo procesamos la información musical.

La música llega a nuestro cerebro porque el sonido es una vibración y dicha vibración es a su vez energía que, en forma de ondas, llega en primer lugar a nuestro oído. Desde ahí estas ondas pasan a nuestro cerebro y le transmiten un mensaje a partir del cual se valora la música como agradable, desagradable, triste, melancólica, alegre… Esta valoración depende de diversos factores como experiencias vividas con música similar, situación de vida actual y también de la actividad generada en diferentes zonas cerebrales. Por tanto, parece importante señalar qué zonas cerebrales son las implicadas en el procesamiento de la música. Así, la actividad sensorial relacionada con la música (por ejemplo el ritmo) se localiza predominantemente en la zona bulbar. El mensaje emocional de la música escuchada se localiza en el diencéfalo y la actividad intelectual que implica se desarrolla a nivel cortical.

Resulta importante tener en cuenta que la música es un medio de expresión sin límites que puede llegar a lo más profundo del mundo emocional de una persona.

La música puede ser un gran facilitador de comunicación emocional. En este sentido, hablamos de una posible doble función de la música: favorece el desarrollo de emociones y también puede transmitirlas.
Tanto escuchar como hacer música promueve el desarrollo de la sensibilidad, la creatividad y la capacidad de abstracción. Facilita la apertura del propio mundo interior y la comunicación con los demás.

Somos criaturas musicales de forma innata, desde lo más profundo de nuestra naturaleza”.
(Stefan Koelsch)