Aunque con frecuencia escuchamos indistintamente las palabras miedo y ansiedad como si prácticamente designaran lo mismo, lo cierto es que se trata de experiencias emocionales diferentes. Por este motivo consideramos importante aclarar en este post algunas de sus diferencias principales.

El miedo tiene una función apremiante orientada a sobrevivir, es decir, a escapar de un peligro. Generalmente de trata de una respuesta transitoria a un estímulo específico que disminuye una vez se ha escapado del peligro. Nos activa físicamente para reaccionar y también nos ayuda a ser precavidos y cautos cuando es necesario.

Por lo tanto, en el miedo suele haber algún estímulo desencadenante, por ejemplo, un animal que nos persigue, un atracador… Y la intensidad de las respuestas de miedo o el grado de activación ante estímulos nuevos varían de una persona a otra pudiendo influir la presencia de personas que aportan seguridad.

La ansiedad es una respuesta a situaciones simbólicas, psicológicas o sociales, en lugar de a la presencia física inmediata de un peligro, como ocurre con el miedo. Se trata de una respuesta ante la incertidumbre, que surge cuando se ve amenazada la propia sensación de integridad, de coherencia, de continuidad o la sensación de ser agente activo.

Se puede decir que la ansiedad tiene una causa mucho más subjetiva y depende más de la percepción de cada persona. Además, puede verse acompañada de otras emociones como enfado, culpa o tristeza, e incluso por reacciones fisiológicas como sudor, temblores o taquicardia.

En resumen, el miedo y la ansiedad comparten la activación de determinados síntomas físicos, de reacciones mentales desagradables junto con pensamientos y conductas similares en algunos casos. Ahora bien, el miedo suele ser más concreto y centrado en el presente, incluyendo una respuesta simple a un estímulo determinado. La ansiedad, por su parte, es más subjetiva, enfocada casi siempre en anticipaciones de momentos futuros y en la necesidad de controlar lo que pueda acontecer.